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Inauguración I Jornada de Iatrogenia, Medicina Defensiva y deontología Médica en Servicios de Urgencias

Discurso de Juan González Armengol
Presidente de SEMES

Querido Serafín Romero Agüit, Presidente del Consejo General de Médicos

Doña Beatriz González López-Valcarcel, Ex Presidenta de la Sociedad Española de Salud Pública

José Ramón Repullo, Juanjo López-Sendin, querid@s tod@s a esta primera Jornada de Iatrogenia, Medicina Defensiva y deontología Médica. Gracias a los organizadores por su invitación a nuestra Sociedad. Nos sentimos muy honrados.

Inauguración I Jornada Iatrogenia en Servicios de UrgenciasComo saben ustedes el primer motivo o tema de esta Jornada nace de la iniciativa que tomaron la OMC, SESPAS y SEMES en la elaboración y difusión de una encuesta, que recogía unos pocos aspectos relativos al ejercicio de la práctica profesional de los profesionales de las Urgencias Hospitalarias a nivel estatal. Dado que posteriormente se darán a conocer de nuevo algunos de estos, con otros añadidos, no voy a insistir excesivamente salvo en algunos aspectos que enmarcan los resultados ya presentados, a modo de contextualización. De la encuesta sacamos dos grandes conclusiones: el elevado riesgo que se percibe por el profesional de denuncia y la sensación de desconocimiento que se tiene sobre esto. Respecto a lo primero, lo cierto es que urgencias es la tercera especialidad con más condenas por la vía penal. Porque desde el punto de vista jurídico, se espera de estos profesionales que sean competentes con arreglo a lo recogido en el programa de la especialidad. Especialidad no reconocida en la vía civil, en contra de lo que marca la legislación española, Real Decreto 581/2017. Es llamativo y es de agradecer que las empresas aseguradoras se permitan darnos cobertura conociendo todo esto. En lo referente al segundo aspecto, el desconocimiento, otra razón más para exigir lo que por Ley y por derecho de profesionales y pacientes debería existir. El Programa de Competencias de la especialidad de MUE desarrolla de forma sistemática esta formación médico legal, que ahora queda sujeta a la voluntad de cada profesional. O a su interés.

Vivimos estos días noticias no novedosas. Supuestamente hemos “disfrutado” de unas estupendas vacaciones estas navidades. Pero los Servicios de Urgencias y Emergencias están abarrotados de personas con necesidades asistenciales y sociales en mayor o menor grado. La foto de la sociedad es la que es y el sistema sigue viviendo al margen de su realidad. Se han ido también de vacaciones, para conciliar, la longitudinalidad, la holística, las consultas, las citas previas, las altas, y la también “la épica y la hípica”. Solicitan atención pacientes críticos, muy graves, graves, mediopensionistas, y no pocas consultas-urgencias, pero que nacen casi todas ellas de la de la necesidad, la percepción de ella y la no respuesta en otras partes del sistema, más que del capricho. Todo esto era esperable. Invierno, inicio del frío, fragilidad, tiempo libre, conciliación de otros y la paciencia de los profesionales que trabajamos en estos servicios.

Hay consecuencias tangibles. El excesivo número de llamadas a los Centros de Coordinación de Emergencias origina activaciones de atenciones de pacientes no realmente urgentes, en detrimento de los que sí pueden padecerlos. La Saturación es un grave problema de Salud Pública, a nivel mundial. La causa más importante por la que ocurre es la imposibilidad o el bloqueo del ingreso de aquellos pacientes que, una vez valorados en el Servicio de Urgencias, necesitan una cama de hospitalización, por lo que permanecen en este servicio durante periodos prolongados y de forma inadecuada. Esto último origina un aumento de la estancia en el hospital, con el consecuente aumento de costes, produciéndose situaciones que atentan contra la dignidad de las personas, que lo padecen, a sus familiares o personas próximas, y también los diferentes perfiles profesionales que los atienden produciéndose frecuentemente insatisfacción con el periodo global de hospitalización. Así mismo se asocia a un deterioro de la calidad de la atención, con retrasos importantes en todos los subprocesos potenciales asociados a la misma, como tiempo de valoración por el médico, tiempo para resultados de pruebas complementarias, como resultados de laboratorio, o pruebas de imagen, así como un retraso en el inicio de tratamientos necesariamente de inicio precoz, en condiciones óptimas, como pautas de analgésicos o primeras dosis de antibióticos. También se ha demostrado un aumento de la mortalidad evitable intrahospitalaria por esta causa. Es importante tener en cuenta la posibilidad de que en este tipo de circunstancias se produzcan altas precoces precipitadas que pueden asociarse también a un aumento de la mortalidad temprana, también evitable.

La implantación de diferentes estrategias de atención a los pacientes con enfermedades crónicas persigue que las personas sanas no enfermen, disminuyendo la prevalencia de las condiciones de salud y limitaciones de carácter crónico, que las que están enfermas no empeoren, previniendo el deterioro de su capacidad funcional, sus complicaciones y su mortalidad prematura y, por último, persigue mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades crónicas y de sus cuidadores. La inmensa mayoría de la literatura científica centra sus trabajos en aspectos parciales de diferentes perfiles en lo referente a pacientes que se atienden en los servicios de urgencias. No es muy abundante el análisis de los perfiles de pacientes y su seguimiento previo y posterior, que acuden y permanecen en estos servicios o que requieren de la atención por llamada a los diferentes SEM, ni la progresiva complejidad, inducida por el sistema y esperada por la sociedad, que se viene implementando en muchos de estos pacientes, donde antes era poco imaginable, y teniendo en cuenta que implica también una gran morbilidad y necesidad de atención en numerosas ocasiones.

Inauguración I Jornada Iatrogenia en Servicios de UrgenciasEl contexto en España, además, abusando de esa paciencia referida, es que se llega ya asumir únicamente por los profesionales de urgencias y emergencias cerca ya de casi cuatro quintas partes del periodo de asistencia global del sistema sanitario, con tendencia a aumentar, porque el “el sistema tiene que conciliar”. Y, en contra de la propia legislación española, esto se hace sin reconocimiento. El no existir la Especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias en
España desde el punto de vista profesional implica discriminación, precariedad, inseguridad jurídica, administrativa y legal, y ausencia de futuro. Añadimos maltrato profesional de género, en el contexto de la progresiva y ya mayoritaria feminización del colectivo. Pero la paciencia se está acabando. Vemos ya expresiones y sentimientos en nuestro colectivo más llamativas y peligrosas. Asco, desprecio, desinterés y desmotivación. Esto va a desembocar, y lo decimos por responsabilidad como observadores, en una explosión. Y será de dentro de no mucho tiempo. Las consecuencias serán imprevisibles. Que nadie haga cálculos electorales con esto. Perjudicará a todos.

Desde el punto de vista de los pacientes, España, al incumplir con la legislación europea, incurre en atentados flagrantes, y en un futuro penalizables, en seguridad clínica en estos servicios, junto con un detrimento grave de la calidad de la atención que los pacientes merecen y deberían esperar al amparo de lo ya legislado, quedando en manos de profesionales sin ningún tipo de homologación esperable. Un nuevo hecho que contribuye, y lo hará más aún, a la morbimortalidad, evitable también.

Y desde el punto de vista de la Administración se incurre en una absoluta falta de equidad ante la población en la gestión de esta prestación. Además existen problemas ya tangibles de profesionales dispuestos a hacer compatibles las necesidades de atención del sistema con la conciliación. Un perfil profesional presente y futuro con cada vez peor formación para dar una mínima respuesta profesional a las necesidades requeridas en estos servicios, únicamente paliada por su autorresponsabilidad. Esto último agravado por la apuesta por la estudientalización de los periodos de algunos programas de residencia que son ostensibles y la inducción a capar posibles vocaciones de futuros urgenciólogos que han optado, como hicimos muchos de nosotros, por escoger residencias-puente, para dedicarse, aun asumiendo muchos déficits formativos, a lo que es su vocación: la Medicina de Urgencias. Esto implica que va a ser real y más frecuente, hasta límites que no van ser tolerados por la población, el cierre parcial o incluso completo de no pocos servicios, especialmente en muchos territorios, la mayoría, no urbanos. Y un aumento grave de la morbimortalidad.

Exigimos al Gobierno, por el bien del sistema, por los pacientes y por los profesionales, que ponga remedio sin demora a todo esto. Y pedimos a las Comunidades Autónomas que loaco mpañen y lo exijan también por su propio interés y responsabilidad como gestores directos del sistema. Se llama Especialidad primaria de Urgencias y Emergencias.

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