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Sr. Director:
La implantación del CME ha venido a ocupar,
en
parte, el enorme vacío que existía en torno a la Medicina
de Urgencias, tradicionalmente abandonada por
los encargados de diseñar nuestra estructura sanitaria.
Pero el problema en modo alguno ha sido resuelto; no
ha hecho más que recibir un paliativo que debemos
considerar provisional.
Resulta inexplicable la escasa importancia que
siempre se le ha reconocido a la Medicina de Urgencias.
Cualquiera entiende que las decisiones que se
tomen en esa fase aguda de la enfermedad, que con
frecuencia ni siquiera concede tiempo para reflexionar,
puede ser determinante incluso para la vida del
paciente. Por lo tanto, la formación específica y
garantizada
de los profesionales que atienden tales servicios
debería estar fuera de toda duda.
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