Hace exactamente veinte años,movido por el dolor,la rabia
y la impotencia que me produjeron los 355 fallecidos y más
de un centenar de heridos graves -resultado directo de dos accidentes
aéreos en Barajas y sus proximidades,y del incendio de
una discoteca en Madrid,todo ello en menos de un mes-escribí
un artículo1 denunciando la deficiente infraestructura
de atención urgente "in situ"y prehospitalaria,y
la escasa coordinación de los recursos sanitarios con los
de anti-incendios,seguridad y protección civil.
Eran unos años –los primeros de la década
de los ochenta- en los que todavía no disfrutábamos
de Sistema Nacional de Salud ni de Ley General de Sanidad.Las
unidades de Urgencias hospitalarias estaban generalmente atendidas
por toda clase de especialistas –en régimen periódico
de guardias, sin ninguna vinculación con este área–
y las extrahospitalarias se configuraban alrededor de los servicios
normales y especiales,con escasas posibilidades para realizar
siquiera soportes vitales en su interior 2.